Cómo afrontar la EII en los perros

Publicado por Ashley Gallagher, DVM
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Hay pocas cosas que nos saquen de la cama más rápido que el inconfundible sonido de nuestro perro a punto de vomitar. Al igual que los humanos, los perros pueden vomitar y tener diarrea de vez en cuando. No obstante, si los problemas de estómago de tu perro no se resuelven en uno o dos días, es posible que tengas que consultar con el veterinario acerca de la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) en perros y las afecciones relacionadas con esta, como la colitis.

¿Qué es la EII en los perros?

La EII es una enfermedad que implica la inflamación de las paredes del tracto gastrointestinal. A veces, esta afección también se denomina enteropatía crónica y se divide en subgrupos en función de cómo responda el perro a los distintos tratamientos: a la dieta, a antibióticos o a esteroides. Sin embargo, para evitar complicaciones, en este artículo nos limitaremos a utilizar el término EII.

Entre los signos que tu perro puede mostrar durante una EII se incluyen los vómitos frecuentes, la disminución del apetito, la pérdida de peso, las heces blandas, la defecación frecuente y la diarrea líquida o con sangre. Con el tiempo, la EII puede provocar pérdida de peso, disminución de la masa muscular y debilitamiento del pelo. Si notas alguno de estos signos, pide cita con el veterinario de tu perro.

Schnauzer mini negro tumbado en una cama para perros

¿Cuál es la causa del malestar gastrointestinal?

Para entender la causa del malestar gastrointestinal asociado a la EII, es importante comprender cómo descompone y absorbe los alimentos el organismo. Cuando se consumen los alimentos, estos bajan por el esófago y se detienen en el estómago, donde se someten a la digestión y se descomponen en una sustancia más líquida llamada quimo. A continuación, el quimo pasa al intestino delgado, donde se produce la mayor parte de la digestión y la absorción de nutrientes por parte del organismo. La última parada del tracto gastrointestinal es el intestino grueso, también llamado colon. Aquí, las bacterias descomponen la fibra de los alimentos y se absorbe el agua. Este proceso puede verse interrumpido, en uno o varios puntos del tracto gastrointestinal, por una inflamación que altera la capacidad de los órganos para funcionar correctamente.La inflamación es una reacción desproporcionada del sistema inmunitario, ya sea por algo que haya comido el perro o por un mal funcionamiento del sistema inmunitario, lo que se conoce como enfermedad autoinmune. Esto provoca molestias e interfiere en la capacidad del tracto gastrointestinal para absorber correctamente los nutrientes.

La inflamación del estómago se denomina gastritis y suele provocar vómitos. Cuando la inflamación está en el intestino delgado se clasifica como enteritis y si se produce en el colon, recibe el nombre de colitis. Las características de la diarrea de tu perro pueden ayudar al veterinario a diagnosticar si sus problemas gastrointestinales están causados por una enteritis, una colitis o ambas, así como a determinar cuál es el manejo adecuado.

¿En qué se diferencia la EII de los perros del SII?

El cuadro clínico de la EII puede ser similar al del síndrome del intestino irritable (SII) en las personas, pero la causa subyacente es muy diferente. Se cree que el SII en las personas se produce como resultado de un movimiento anómalo del músculo en los intestinos.

¿Cómo diagnostica un veterinario la EII en los perros?

Para determinar si tu perro tiene una EII, el veterinario puede realizar primero un análisis de sangre y de heces. Estas pruebas ayudan a evaluar la salud general de tu perro y a descartar otras afecciones. Además, puede ser necesario realizar una ecografía o una radiografía para obtener imágenes de los órganos del abdomen. En la mayoría de los casos, la respuesta de tu perro a una modulación del microbioma u otras terapias, como los esteroides, puede contribuir a determinar el diagnóstico. En algunos casos, será necesario realizar una endoscopia para extraer una biopsia del tejido de la pared intestinal y examinarlo con mayor detalle, para llegar al diagnóstico y manejo correctos.

Veterinaria con uniforme azul reconociendo a un golden retriever con collar azul sobre la camilla en una revisión.

¿Cómo se controla la EII en los perros?

Una vez que tu perro ha sido diagnosticado con EII, existen varias opciones de tratamiento que dependerán de la gravedad de la afección.

  • La primera opción suele ser recurrir a una alimentación dietética. Entre las diferentes alternativas se incluyen las fórmulas de fácil digestión, las fórmulas de proteína novedosa o hidrolizada y las de alto contenido en fibra. Cada una de ellas actúa de forma diferente para ayudar a que el tracto gastrointestinal funcione de un modo más eficiente.

  • Mantener y fortalecer la salud del microbioma único de tu perro, un entorno formado por miles de millones de bacterias y otros microorganismos en los intestinos, puede ayudar a controlar la EII. El bienestar del microbioma se puede controlar mediante el uso de fibras prebióticas y bacterias probióticas. Actualmente, estamos averiguando cómo la nutrición puede influir en el microbioma de tu perro y desarrollando fórmulas que contribuyan a la proliferación de las bacterias beneficiosas que ayudan a mejorar la salud gastrointestinal de tu mascota.

Tener un perro que experimenta vómitos o diarreas frecuentes no es agradable para nadie, pero existen remedios para que tu perro esté más feliz, las alfombras de tu casa en buen estado y, lo más importante, para mejorar su salud general.

Información acerca de la colaboradora

La doctora en Medicina Veterinaria Ashley Gallagher abrazando a su perro.

Dra. Ashley Gallagher

La Dra. Ashley Gallagher es veterinaria en Salem, Massachusetts. Tras graduarse en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Florida, aceptó un puesto en el competitivo programa de prácticas de un año del Friendship Hospital for Animals en Washington, DC. A raíz de esto, trabajó durante doce años en el Friendship Hospital for Animals como veterinaria en plantilla con funciones que abarcaban desde la atención de citas, hasta la realización de cirugías electivas y de urgencia. El año pasado se trasladó con su familia a Massachusetts, donde asumió el cargo de jefa de personal de la clínica veterinaria New England. Vive con su marido, sus dos hijas, su labrador Frank y su gato Vegas.

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